Sin escapar del momento tan perverso
yacía el herido en el extremo inverso.
Y las paredes de aquel horror
encerraban la pestilencia de aquel olor.

Era imposible hallar la razón
en ese frío y blando corazón
Pero abundaba la miseria
en esa mente inundada de lujuria.

Pues nunca aparecen los dioses
en la desdicha de los roces
y solo predominan las penas
cuando el infierno asoma sus antenas.