Esto es una de las cosas más frias que he escrito, o al menos más realizadas. Viendo una de las peores peliculas que vi en mi vida, me enfade con el principal, "La casa de al lado del lago", algo así se llama, no miento que el que viola a la hija del tipo le pregunta "Queres saber si tu hija era estrecha?", DIOS. Una cagada de pelicula, espero que no la vean nunca. Este texto estaba en mi mente, desde hace mucho. La pelicula sirvio solo como eso, volvi a mi cuarto y me llene los dedos con rabia ante el texto que les pasare a continuación, criticas más que aceptadas e insultos tambien xD

Daniels entro a su casa con toda la tranquilidad de tener la vida arreglada. La chica no hablaría, se aseguro una ultima vez antes de volver a su casa. El hijo de puta de Federik ya sabía, él lo conocía desde hacia años. Por suerte un alto puesto policial le daba una ventaja que Federik no podría vencer, impunidad. La coartada era perfecta. La chica no hablaría, atestiguaría en contra de su novio. ¿No era genial ser policía?, tampoco era su primer delito pensó sombríamente. No era la primera que caia en sus delitos multiples, Federik analizaría toda la situación, era un maldito modelo en la fuerza policiaca. Debia hacer algo, porque un hombre sin recursos, será capaz de cualquier cosa. No, sonrié. Federik era demasiado puro para poder hacer algo al respecto. Dudaba de su moral como un jugador de blackjack, analizando la mano perfecta para apostar. Era un imbécil en esos aspectos, el error político del siglo fue nombrarlo jefe del Tolerance Zero. Una real idiotez. Ni bien su historial estaba empapado en excelencia, carecia de la conciencia (o en este caso tranquilidad de la misma) para hacer las cosas como se debían hacer. La ventaja que tenia en una situación asi era increíble afirmo para consuelo mismo.
Decidio ir a beber un trago. Algo que le otorgara tranquilidad para pensar como haría para sacar la curiosidad de Federik del medio. A veces era inteligente y él no quería que este fuera el caso. Camino tranquilamente y se encendio un cigarro. Sintio un golpe que lo aturdio por completo y en su conciencia solo notó el impacto de su cráneo de forma violenta contra el suelo. Sus años de fuerza especial le ayudaron para girar y ver a su atracador. Alto, calvo con ojos llameantes, le odiaba, pero, ¿por qué?, le conocía de algún lado, se le hacia familiar esa postura física, ese estandarte altanero que portaba.

-Buenas noches mi amor- le dijo antes de pisarle la cabeza violentamente para dejarle inconsciente.

Abre los ojos. Esta atado. En una silla, ve un cuarto oscuro iluminado apenas por una luz. Siente un dolor agudo en sus piernas y se percata que tiene cortadas lo bastante fuertes para precisar atención medica. La adrenalina surgio de forma inesperada. Podia ver todo de forma nítida, tal que podría ver un monolito de polvo desplegarse. Su respiración latia en su cabeza junto con la palpitación de su pulso de forma exagerada. ¿Era prisionero?, ¿Quién era el hijo de perra? Pensó y deseo no estar atado para buscarlo, matarlo. Disfrutaria su muerte, estaba seguro, ya la estaba imaginando cuando una erección comenzó a asomarse.
Ve una sombra entrar al cuarto y abre los ojos. Le puede ver a través de la oscuridad, esta seguro. Es la misma persona que lo ataco por la espalda. Ese inquilino que perpetro la paz de su casa, el único lugar donde era libre de ser un policía y un pecador, un romántico de la juventud femenina. Miro nuevamente parpadeando. Si, le conocía, conocía el historial de esa persona y sintió como el terror gobernó sus sentidos dejando de lado (de forma inhumana) su adrenalina. Taz, el latino, el policía más corrupto que existía en la fuerza, le había hecho prisionero. ¿Por qué?, debía averiguarlo.

-¿Qué…
-¿Qué que estoy haciendo?- pregunta Taz interrumpiéndolo. –Me encargo de limpiar los platos que tu ensucias, aunque en este caso vaginas. ¿Cómo lo prefieres más Richard?

Su segundo nombre. Casi nadie lo sabia. Penso rápido para imaginar quien podría haberle dado esa información, dado que aparecia anotado en la fuerza policial con un nombre solo. Su mente impacto contra un rostro jovial, una mirada clandestina y una sonrisa confiada. Federik…

-¡ESE MALDITO!
-¿Quién Richard?- pregunto Taz sacando un cuchillo con calma y prendiéndose un cigarro con la otra mano. -¿Federik? ¡Vamos!, ese gilipollas no puede ni siquiera resolver sus problemas.
-Por eso estas aquí…
-Por eso estoy aquí. Has acertado, aunque sabras que mi vida de “sicario”, como la has llamado más de una vez. Tiene dos condiciones, la primera que tiene que ser en un caso en el cual la justicia sea menester referirla. La segunda, debe gustarme el caso, más que la justicia en si. Pues, parece que tienes todos los números de lotería “mate”- le explica Taz y el temor se incrementa aun más en su fuero interno.

Taz era conocido por sus recursos increíblemente efectivos, pero nada ortodoxos. Usaba métodos tan apestosos que podría atemorizar a un zorrillo por su olor. Trago saliva y cerro sus ojos. Estaba jodido, muy jodido, si era la presa de Taz, tenia pocas chances de salir con vida. Si lograra convencerle…

-Oye Taz. ¿Podrias hacerme un favor?
-Dime- respondió el latino con calma en la voz, “maldito soberbio” pensó Daniels.
-¿Podrias liberarme?, dado que voy a morir, quiero hacerlo con honor. De pie cuando menos, no es mucho pedir, ¿a que si?
-Seguro colega- contesto Taz y Daniels abrió los parpados de forma exagerada.

Demasiado fácil. Apenas se librara le golpearía, le sacaría su cuchillo y le apuñalaría hasta cansarse. Era simple y lo podría hacer cuando su compañero le librara. Maldito Federik, luego iria a la casa de él, se encargaría de su hermana de la misma forma que se encargo de la chica que causo todo eso. Ve acercar a su compañero y contiene la respiración, tiene el cuchillo muy cerca del cuello. Taz lo aterra, desde el dia que lo conoce, le inspira temor a toda la fuerza. Menos a Federik, tiene una relación muy extraña con el policía “modelo”. Maldita sea, va a ser difícil tumbar el metro noventa y los ciento diez kilos acomplejados en ese cuerpo.
Siente el metal frio erizarle la espalda y en un segundo se siente libre de brazos. ¿Le propino un puñetazo ahora?, mejor después decidió recordando sus clases de boxeo. Lo va a golpear con toda su fuerza.
Se para, y su cuerpo se mueve por reflejo. Una fracción de segundo después, se da cuenta que todo esta jodido, traga polvillo del suelo sorprendido y a la vez más aterrado que antes. Sí, alguna vez tuvo chance de matarlo. De enviarlo a prisión, ahora era muy tarde, estaba condenado.
Una mano lo coge por la nuca tensándole el cuero cabelludo y lo alza a la altura de su cabeza. La sonrisa de tiburón de Taz es legal y justa, cumplio con su palabra y se siente contento con su caza. Daniels en otro momento le hubiera golpeado, pero esta demasiado aturdido y el miedo le gobierna por sobre todas las cosas.

-No pensaste que iba a ser tan fácil, ¿verdad hijo de puta?- pregunta golpeándole una vez de forma limpia. Daniels siente en su mandibula un dolor agudo.

Taz le había cortado las piernas de tal forma que no pudiera caminar. Al intentar golpear se había caído. Ese golpe había terminado de condenar su suerte. Segundo puñetazo, nuevamente ese dolor agudo. ¿Cómo puede dolerle tanto el puñetazo de ese cabron? Se pregunta preocupado. La adrenalina debe estar consumiéndole. Al tercer golpe lo ve, un puño americano. No repara en gastos de limpieza, realmente lo va a hacer sufrir, siente como sus ojos se llenan de lagrimas y su alma se quiebra.

-Por favor…
-¡VAMOS NIÑA!, la chica opuso más resistencia que vos cabronazo- le golpea nuevamente fisurándole la mandibula.

Desea quedar inconsciente. Es lo único que puede salvarle de un mártir que le llegara de forma karmatica. Ese golpe no lo deja noqueado si no que lo despabila. Intenta golpear pero Taz le anticipa hundiéndole su puño derecho en la boca del estómago dejándolo sin aire. Traga su propia sangre, el gusto salado le disgusta y escupe. Un nuevo puñetazo y ve perfectamente como su compañero baja la guardia.

-¿Piensas condenar tu carrera asi Taz?- pregunta y suelta una carcajada.
-¿Crees que eres el único capaz de mover hilos?- le pega un rodillazo en los testículos de forma canalla. –Daniels, ¿cómo crees que he llegado hasta donde estoy?, imbécil- le golpea nuevamente con rabia soltándolo.

Por reflejo comienza a arrastrarse lejos de su presa. Taz se siente como un león cazando a su presa. La ve huir y le gusta. Es la justicia por mano propia su única creencia. Dios lo ha abandonado hace muchos años, llevándose todo lo que le importaba. Ahora lo poco que tiene lo quiere tener allí, seguro a su lado. Daniels nota como su compañero le toma el tabique nasal y con un movimiento perfecto se lo fractura. Lanza un alarido de dolor, pero eso poco le importa a Taz que comienza a patearle sin piedad alguna. Nota como sus costillas se rompen y comienza a arrepentirse de sus pecados padeciendo con lagrimas su tortura.
Taz se frena en seco y se le acerca hasta casi besarlo. La sangre le recorre la nariz de forma imperfecta. El dolor que debe sentir ahora lo tiene simplemente fuera de combate, pero esto recién empieza recuerda. Le toma el cabello y le da un cabezazo en la nariz para terminar lo que empezó. Se percata como el tabique se le destroza y ve como su presa empieza a llorar de dolor.

-¿Lagrimas?, ¿no recuerdas tu entrenamiento soldado?- le dice pegándole con la palma abierta un par de veces para despabilarlo. –Te estoy haciendo un favor y creeme. Eso no me gusta. En la cárcel esto seria casi un día pacifico para ti.
-¿Pacifico?... Que te den taz.

Le golpea la cabeza contra el suelo una vez sola para silenciarlo. Demasiada platica. Se va a encargar de hacerle sufrir más de lo que debería. Porque él en su época de policía, tuvo a cargo suyo muchas violaciones y conoce el sufrimiento de las victimas. No piensa tolerarlo. Le agarra el cuello asfixiándolo unos segundos hasta que su oponente tiene arcadas. Le coge un pie y comienza a arrastrarlo hasta un sector del cuarto (sotano en realidad) que Daniels desconoce.

Daniels mira con cierto morbo la situación. Quizas sea la sangre o los recuerdos de la violencia casi sexual que Taz le esta brindando. La erección vuelve a aparecer. Ve aparatejos sexuales de todo tipo. Desde consoladores hasta una especie de columpio con forma de ropa interior masculina. Sonríe. Este tipo si que esta pirado piensa.

-Ni te cuento lo que pasara ahora. Lo has de suponer querido. ¿Cómo se llama la chica?- le pregunta dejándole el rostro contra el frio cemento de la pared presionándole la herida de la mandibula obligándolo a quejarse de dolor.

No hay respuesta. Es paciente, le frota con más fuerza pero el hijo de puta no responde. Quiere hacerse el duro piensa Taz tomándole los testículos con violencia. Daniels gime de dolor y ahogo. El latino se preocupa un poco por la erección de su compañero, la cual nota con asco.

-¿Eres homosexual?- le pregunta y Daniels suelta una carcajada.
-Prefiero pensar en como me encargue de la estrecha hace unos días. Me distrae de tus estupideces políticas, ¿sabes capullo?- le responde el policía.

No tardaría en arrepentirse. Taz le encajo un rodillazo dejándolo inclinado de dolor. Le bajo los pantalones con estilo y tomo el consolador golpeándole las piernas. Al tener la abertura introdujo el ítem con brutalidad obligándolo a Daniels a gritar de dolor como jamás pensó que podría hacerlo en su vida. Taz sonríe, chilla como una niña.

-¿Te gusta esto maricon?- le indaga introduciéndolo más aun.
-Quita. Quita. ¡QUITA DE UNA VEZ!- grita pero no consigue liberarse. Esta demasiado agotado por los golpes recibidos.
-¿Cómo se llama la chica?- le pregunta nuevamente torturándolo de la peor forma posible. Como un ladron que roba a un ladron, él se encarga de mostrarle la medicina que con los años ha ido entregando a las jóvenes adolescentes inocentes ante un policía carismático.
-Jean Downing- grita y siente como el ítem comienza a herirle internamente. Puede sentir el latido de su propio cuerpo y el mismo se mueve por reflejo intentando liberarse de la fuente.
-¿A ella le gustaba por atrás?
-¿Qué dices?- le pregunta despejándose de su dolor para su sorpresa.
-Si le gustaba por atrás- le repite golpeándole con un cabezazo la nuca aturdiéndolo.
-No sé.
-No te he oído claramente- le dice Taz volviendo a introducir el consolador por la parte de atrás de su compañero.
-¡QUE NO LO SE MIERDA!- exclama y siente como un golpe en la nuca lo derriba.

Taz se enciende un cigarro. Capaz que es hora de terminar con esto de una vez por todas. Aunque lo va a hacer con estilo. Daniels tiene el consolador aun puesto. ¿Qué más estilo que ese?, se sonríe, es un genio. Torturar a un violador, violándolo, carece de originalidad de una forma lamentable. Pero el lienzo no esta terminado recuerda.

-Vale puedes entrar- dice y Daniels oye como la puerta del dormitorio se abre.
-Siempre fuiste un maldito enfermo, ¿sabes?- comenta una voz que el torturado conoce a la perfeccion.
-Por eso me has llamado. Terminemos con esto de una vez viejo compañero.

Daniels alza su cabeza para ver a Federik aparecer de las sombras con su pistola en la mano. Por fin logra entender toda la situación. Taz no estaba encomendado a matarlo, tenia la simple misión o favor en este caso de su compañero. Federik había sido quien justificaba los actos de maldad de su viejo compañero durante tantos años. Por eso Taz salía siempre impune del centenar de asesinatos, justos, pero crueles que tenia encima. Era cierto pensó escupiendo sangre. Taz era un perfecto Tolerance Zero, no tenia sentido de la justicia más alla del suyo propio. Pero, Federik era un afeminado, no seria capaz de dispararle.

-Federik, ¿piensas asesinarme?
-Estos últimos dos días lo he estado pensando con seriedad- admite apuntándole directamente a metros de él.
-Por favor… Prometo no hacerlo más mate.
-No mientas. En mi cara no Daniels, ¿crees que no sabia de tus actos?, ¿te haces una idea de hace cuanto Taz te viene investigando hijo de perra?, ¡¿TE HACES UNA PUTA IDEA CAPULLO!?- exclama furioso quitándole el seguro al arma.

Daniels se pierde en la impotencia. Ya no tiene opción alguna. Va a morir y lo sabe, recuerda a su mujer, que ha de estar recién llegando de su trabajo como medica. Bueno, ella no es tan mala persona después de todo. Quizas pudiera entenderlo, en una de esas lo hubiera encubierto. Pero ahora eran imágenes que se iban alejando de a poco. Las lagrimas brotaban de sus ojos. Todo por un estúpido error. ¿Cuánto tiempo llevaba investigándolo Taz?, era un maldito estratega, ya tenia todo pensado Daniels. Habia esperado exactamente un año desde la creación del T-Zero para lanzar un golpe que espero durante años. Con tal estilo que ahora estaba violado y no tenia nada de energías para luchar, siquiera para morir como era debido, con un honor que no tenia.

-No tienes las agallas. Nunca las tuviste, careces del espíritu del T-Zero. Tu compañero y “amante” Taz sobra de eso niñato. Me miraras morirme de las hemorragias por el simple hecho de no tener el coraje para dispararme. ¡AFEMINADO!- blasfemia en todas las formas que le quedan para morir con un minimo de dignidad.
-Consideralo mi ultimo favor de agradecimiento. Te enseñare que yo me tomo lo del T-Zero muy en serio. Reza por nosotros en el otro mundo, porque Taz sea mejor compañero que tu.
-Espera tu no estarás…

El arma se dispara y el silencio consume todo. Federik mira a su compañero muerto. No es la primera muerte que lleva en su conciencia. Aunque si es el primer asesinato, arroja el arma al suelo y su piel empalidece. Taz larga un gesto de incertidumbre y se acerca a su compañero palmeándole el hombro.

-Has hecho lo que debías Fed
-Eso espero Taylor- responde Federik y ve la sonrisa en su compañero.
-No te preocupes, ve a tu casa, pégate una ducha, ya me encargo yo de que esto quede impecable y dejar las pruebas necesarias. Sera un ajuste de cuentas. Ya tengo mis contactos en movimiento. Lo has hecho bien hoy Fed.
-Gracias Taylor, aunque honestamente espero que no se repita.

Taz mira a su compañero retirarse y se derrumba apoyado contra la pared. Queda allí mirando al cadáver unos momentos, no sin antes fumarse un cigarro contemplando la situación. Un trabajo perfecto y justo. Puede dormir en paz hoy.