[CLUB DE LECTURA] Cambio de luces - Julio Cortázar
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[CLUB DE LECTURA] Cambio de luces - Julio Cortázar
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Este es el segundo cuento del club de lectura, idea que trajo Alita, y me parece bárbara, espero que se copen muchos.
Es así: leemos el cuento y comentamos lo que nos pareció, destacamos lo que queremos, intercambiamos ideas y miradas.
Muchas personas pueden leer el mismo texto y ver algo distinto. Eso habla bien del autor, ya que en vez de imponer una idea, o una sola manera de verlo, genera muchisimas ideas y formas de verlo. Así que cuantos mas se copen, mas interesante va a ser!
Pueden pispear, si quieren, las miradas del primer cuento (y si quieren aportar la de ustedes mucho mejor!
) [CLUB DE LECTURA] Eva está dentro de su gato - Gabriel García Márquez
Cambio de luces - Julio Cortázar

Esos jueves al caer la noche cuando Lemos me llamaba después del ensayo en Radio Belgrano y entre dos cinzanos los proyectos de nuevas piezas, tener que escuchárselos con tantas ganas de irme a la calle y olvidarme del radioteatro por dos o tres siglos, pero Lemos era el autor de moda y me pagaba bien para lo poco que yo tenía que hacer en sus programas, papeles más bien secundarios y en general antipáticos. Tenés la voz que conviene, decía amablemente Lemos, el radioescucha te escucha y te odia, no hace falta que traiciones a nadie o que mates a tu mamá con estricnina, vos abrís la boca y ahí nomás media Argentina quisiera romperte el alma a fuego lento.
No Luciana, precisamente el día en que nuestro galán Jorge Fuentes al término deRosas de ignominia recibía dos canastas de cartas de amor y un corderito blanco mandado por una estanciera romántica del lado de Tandil, el petiso Mazza me entregó el primer sobre lila de Luciana. Acostumbrado a la nada en tantas de sus formas, me lo guardé en el bolsillo antes de irme al café (teníamos una semana de descanso después del triunfo de Rosas y el comienzo de Pájaro en la tormenta) y solamente en el segundo martini con Juárez Celman y Olive me subió al recuerdo el color del sobre y me di cuenta de que no había leído la carta; no quise delante de ellos porque los aburridos buscan tema y un sobre lila es una mina de oro, esperé a llegar a mi departamento donde la gata por lo menos no se fijaba en esas cosas, le di su leche y su ración de arrumacos, conocí a Luciana.
No necesito ver una foto de usted, decía Luciana, no me importa que Sintonía yAntena publiquen fotos de Míguez y de Jorge Fuentes pero nunca de usted, no me importa porque tengo su voz, y tampoco me importa que digan que es antipático y villano, no me importa que sus papeles engañen a todo el mundo, al contrario, porque me hago la ilusión de ser la sola que sabe la verdad: usted sufre cuando interpreta esos papeles, usted pone su talento pero yo siento que no está ahí de veras como Míguez o Raquelita Bailey, usted es tan diferente del príncipe cruel de Rosas de ignominia. Creyendo que odian al príncipe lo odian a usted, la gente confunde y ya me di cuenta con mi tía Poli y otras personas el año pasado cuando usted era Vassilis, el contrabandista asesino. Esta tarde me he sentido un poco sola y he querido decirle esto, tal vez no soy la única que se lo ha dicho y de alguna manera lo deseo por usted, que se sepa acompañado a pesar de todo, pero al mismo tiempo me gustaría ser la única que sabe pasar al otro lado de sus papeles y de su voz, que está segura de conocerlo de veras y de admirarlo más que a los que tienen los papeles fáciles. Es como con Shakespeare, nunca se lo he dicho a nadie, pero cuando usted hizo el papel, Yago me gustó más que Otelo. No se crea obligado a contestarme, pongo mi dirección por si realmente quiere hacerlo, pero si no lo hace yo me sentiré lo mismo feliz de haberle escrito todo esto.
Caía la noche, la letra era liviana y fluida, la gata se había dormido después de jugar con el sobre lila en el almohadón del sofá. Desde la irreversible ausencia de Bruna ya no se cenaba en mi departamento, las latas nos bastaban a la gata y a mí, y a mí especialmente el coñac y la pipa. En los días de descanso (después tendría que trabajar el papel de Pájaro en la tormenta) releí la carta de Luciana sin intención de contestarla porque en ese terreno un actor, aunque solamente reciba una carta cada tres años, estimada Luciana, le contesté antes de irme al cine el viernes por la noche, me conmueven sus palabras y ésta no es una frase de cortesía. Claro que no lo era, escribí como si esa mujer que imaginaba más bien chiquita y triste y de pelo castaño con ojos claros estuviera sentada ahí y yo le dijera que me conmovían sus palabras. El resto salió más convencional porque no encontraba qué decirle después de la verdad, todo se quedaba en un relleno de papel, dos o tres frases de simpatía y gratitud, su amigo Tito Balcárcel. Pero había otra verdad en la posdata: Me alegro de que me haya dado su dirección, hubiera sido triste no poder decirle lo que siento.

A nadie le gusta confesarlo, cuando no se trabaja uno termina por aburrirse un poco, al menos alguien como yo. De muchacho tenía bastantes aventuras sentimentales, en las horas libres podía recorrer el espinel y casi siempre había pesca, pero después vino Bruna y eso duró cuatro años, a los treinta y cinco la vida en Buenos Aires empieza a desteñirse y parece que se achicara, al menos para alguien que vive solo con una gata y no es gran lector ni amigo de caminar mucho. No que me sienta viejo, al contrario; más bien parecería que son los demás, las cosas mismas que envejecen y se agrietan; por eso a lo mejor preferir las tardes en el departamento, ensayar Pájaro en la tormenta a solas con la gata mirándome, vengarme de esos papeles ingratos llevándolos a la perfección, haciéndolos míos y no de Lemos, transformando las frases más simples en un juego de espejos que multiplica lo peligroso y fascinante del personaje. Y así a la hora de leer el papel en la radio todo estaba previsto, cada coma y cada inflexión de la voz, graduando los caminos del odio (otra vez era uno de esos personajes con algunos aspectos perdonables pero cayendo poco a poco en la infamia hasta un epílogo de persecución al borde de un precipicio y salto final con gran contento de radioescuchas). Cuando entre dos mates encontré la carta de Luciana olvidada en el estante de las revistas y la releí de puro aburrido, pasó que de nuevo la vi, siempre he sido visual y fabrico fácil cualquier cosa, de entrada Luciana se me había dado más bien chiquita y de mi edad o por ahí, sobre todo con ojos claros y como transparentes, y de nuevo la imaginé así, volví a verla como pensativa antes de escribirme cada frase y después decidiéndose. De una cosa estaba seguro, Luciana no era mujer de borradores, seguro que había dudado antes de escribirme, pero después escuchándome en Rosas de ignominia le habían ido viniendo las frases, se sentía que la carta era espontánea y a la vez -acaso por el papel lila- dándome la sensación de un licor que ha dormido largamente en su frasco.
Hasta su casa imaginé con sólo entornar los ojos, su casa debía ser de esas con patio cubierto o por lo menos galería con plantas, cada vez que pensaba en Luciana la veía en el mismo lugar, la galería desplazando finalmente el patio, una galería cerrada con claraboyas de vidrios de colores y mamparas que dejaban pasar la luz agrisándola, Luciana sentada en un sillón de mimbre y escribiéndome usted es muy diferente del príncipe cruel de Rosas de ignominia, llevándose la lapicera a la boca antes de seguir, nadie lo sabe porque tiene tanto talento que la gente lo odia, el pelo castaño como envuelto por una luz de vieja fotografía, ese aire ceniciento y a la vez nítido de la galería cerrada, me gustaría ser la única que sabe pasar al otro lado de sus papeles y de su voz.
La víspera de la primera tanda de Pájaro hubo que comer con Lemos y los otros, se ensayaron algunas escenas de esas que Lemos llamaba clave y nosotros clavo, choque de temperamentos y andanadas dramáticas, Raquelita Bailey muy bien en el papel de Josefina, la altanera muchacha que lentamente yo envolvería en mi consabida telaraña de maldades para las que Lemos no tenía límites. Los otros calzaban justo en sus papeles, total maldita la diferencia entre ésa y las dieciocho radionovelas que ya llevábamos actuadas. Si me acuerdo del ensayo es porque el petiso Mazza me trajo la segunda carta de Luciana y esa vez sentí ganas de leerla enseguida y me fui un rato al baño mientras Angelita y Jorge Fuentes se juraban amor eterno en un baile de Gimnasia y Esgrima, esos escenarios de Lemos que desencadenaban el entusiasmo de los habitués y daban más fuerza a las identificaciones psicológicas con los personajes, por lo menos según Lemos y Freud.
Le acepté la simple, linda invitación a conocerla en una confitería de Almagro. Había el detalle monótono del reconocimiento, ella de rojo y yo llevando el diario doblado en cuatro, no podía ser de otro modo y el resto era Luciana escribiéndome de nuevo en la galería cubierta, sola con su madre o tal vez su padre, desde el principio yo había visto un viejo con ella en una casa para una familia más grande y ahora llena de huecos donde habitaba la melancolía de la madre por otra hija muerta o ausente, porque acaso la muerte había pasado por la casa no hacía mucho, y si usted no quiere o no puede yo sabré comprender, no me corresponde tomar la iniciativa pero también sé -lo había subrayado sin énfasis- que alguien como usted está por encima de muchas cosas. Y agregaba algo que yo no había pensado y que me encantó, usted no me conoce salvo esa otra carta, pero yo hace tres años que vivo su vida, lo siento como es de veras en cada personaje nuevo, lo arranco del teatro y usted es siempre el mismo para mí cuando ya no tiene el antifaz de su papel. (Esa segunda carta se me perdió, pero las frases eran así, decían eso; recuerdo en cambio que la primera carta la guardé en un libro de Moravia que estaba leyendo, seguro que sigue ahí en la biblioteca).
Si se lo hubiera contado a Lemos le habría dado una idea para otra pieza, clavado que el encuentro se cumplía después de algunas alternativas de suspenso y entonces el muchacho descubría que Luciana era idéntica a lo que había imaginado, prueba de cómo el amor se adelanta al amor y la vista a la vista, teorías que siempre funcionaban bien en Radio Belgrano. Pero Luciana era una mujer de más de treinta años, llevados eso sí con todas las de la ley, bastante menos menuda que la mujer de las cartas en la galería, y con un precioso pelo negro que vivía como por su cuenta cuando movía la cabeza. De la cara de Luciana yo no me había hecho una imagen precisa salvo los ojos claros y la tristeza; los que ahora me recibieron sonriéndome eran marrones y nada tristes bajo ese pelo movedizo. Que le gustara el whisky me pareció simpático, por el lado de Lemos casi todos los encuentros románticos empezaban con té (y con Bruna había sido café con leche en un vagón de ferrocarril). No se disculpó por la invitación, y yo que a veces sobreactúo porque en el fondo no creo demasiado en nada de lo que me sucede, me sentí muy natural y el whisky por una vez no era falsificado. De veras, lo pasamos muy bien y fue como si nos hubieran presentado por casualidad y sin sobreentendidos, como empiezan las buenas relaciones en que nadie tiene nada que exhibir o que disimular; era lógico que se hablara sobre todo de mí porque yo era el conocido y ella solamente dos cartas y Luciana, por eso sin parecer vanidoso la dejé que me recordara en tantas novelas radiales, aquella en que me mataban torturándome, la de los obreros sepultados en la mina, algunos otros papeles. Poco a poco yo le iba ajustando la cara y la voz, desprendiéndome con trabajo de las cartas, de la galería cerrada y el sillón de mimbre; antes de separarnos me enteré de que vivía en un departamento bastante chico en planta baja y con su tía Poli que allá por los años treinta había tocado el piano en Pergamino. También Luciana hacía sus ajustes como siempre en esas relaciones de gallo ciego, casi al final me dijo que me había imaginado más alto, con pelo crespo y ojos grises; lo del pelo crespo me sobresaltó porque en ninguno de mis papeles yo me había sentido a mí mismo con pelo crespo, pero acaso su idea era como una suma, un amontonamiento de todas las canalladas y las traiciones de las piezas de Lemos. Se lo comenté en broma y Luciana dijo que no, los personajes los había visto tal como Lemos los pintaba pero al mismo tiempo era capaz de ignorarlos, de hermosamente quedarse sólo conmigo, con mi voz y vaya a saber por qué con una imagen de alguien más alto, de alguien con el pelo crespo.
Si Bruna hubiera estado aún en mi vida no creo que me hubiera enamorado de Luciana; su ausencia era todavía demasiado presente, un hueco en el aire que Luciana empezó a llenar sin saberlo, probablemente sin esperarlo. En ella en cambio todo fue más rápido, fue pasar de mi voz a ese otro Tito Balcárcel de pelo lacio y menos personalidad que los monstruos de Lemos; todas esas operaciones duraron apenas un mes, se cumplieron en dos encuentros en cafés, un tercero en mi departamento, la gata aceptó el perfume y la piel de Luciana, se le durmió en la falda, no pareció de acuerdo con un anochecer en que de golpe estuvo de más, en que debió saltar maullando al suelo. La tía Poli se fue a vivir a Pergamino con una hermana, su misión estaba cumplida y Luciana se mudó a mi casa esa semana; cuando la ayudé a preparar sus cosas me dolió la falta de la galería cubierta, de la luz cenicienta, sabía que no las iba a encontrar y sin embargo había algo como una carencia, una imperfección. La tarde de la mudanza la tía Poli me contó dulcemente la módica saga de la familia, la infancia de Luciana, el novio aspirado para siempre por una oferta de frigoríficos de Chicago, el matrimonio con un hotelero de Primera Junta y la ruptura seis años atrás, cosas que yo había sabido por Luciana pero de otra manera, como si ella no hubiera hablado verdaderamente de sí misma ahora que parecía empezar a vivir por cuenta de otro presente, de mi cuerpo contra el suyo, los platitos de leche a la gata, el cine a cada rato, el amor.
Me acuerdo que fue más o menos en la época de Sangre en las espigas cuando le pedí a Luciana que se aclarara el pelo. Al principio le pareció un capricho de actor, si querés me compro una peluca, me dijo riéndose, y de paso a vos te quedaría tan bien una con el pelo crespo, ya que estamos. Pero cuando insistí unos días después, dijo que bueno, total lo mismo le daba el pelo negro o castaño, fue casi como si se diera cuenta de que en mí ese cambio no tenía nada que ver con mis manías de actor sino con otras cosas, una galería cubierta, un sillón de mimbre. No tuve que pedírselo otra vez, me gustó que lo hubiera hecho por mí y se lo dije tantas veces mientras nos amábamos, mientras me perdía en su pelo y sus senos y me dejaba resbalar con ella a otro largo sueño boca a boca. (Tal vez a la mañana siguiente, o fue antes de salir de compras, no lo tengo claro, le junté el pelo con las dos manos y se lo até en la nuca, le aseguré que le quedaba mejor así. Ella se miró en el espejo y no dijo nada, aunque sentí que no estaba de acuerdo y que tenía razón, no era mujer para recogerse él pelo, imposible negar que le quedaba mejor cuando lo llevaba suelto antes de aclarárselo, pero no se lo dije porque me gustaba verla así, verla mejor que aquella tarde cuando había entrado por primera vez en la confitería).

Nunca me había gustado escucharme actuando, hacía mi trabajo y basta, los colegas se extrañaban de esa falta de vanidad que en ellos era tan visible; debían pensar, acaso con razón, que la naturaleza de mis papeles no me inducía demasiado a recordarlos, y por eso Lemos me miró levantando las cejas cuando le pedí los discos de archivo deRosas de ignominia, me preguntó para qué lo quería y le contesté cualquier cosa, problemas de dicción que me interesaba superar o algo así. Cuando llegué con el álbum de discos, Luciana se sorprendió también un poco porque yo no le hablaba nunca de mi trabajo, era ella que cada tanto me daba sus impresiones, me escuchaba por las tardes con la gata en la falda. Repetí lo que le había dicho a Lemos pero en vez de escuchar las grabaciones en otro cuarto traje el tocadiscos al salón y le pedí a Luciana que se quedara un rato conmigo, yo mismo preparé el té y arreglé las luces para que estuviera cómoda. Por qué cambiás de lugar esa lámpara, dijo Luciana, queda bien ahí. Quedaba bien como objeto pero echaba una luz cruda y caliente sobre el sofá donde se sentaba Luciana, era mejor que sólo le llegara la penumbra de la tarde desde la ventana, una luz un poco cenicienta que se envolvía en su pelo, en sus manos ocupándose del té. Me mimás demasiado, dijo Luciana, todo para mí y vos ahí en un rincón sin siquiera sentarte.
Desde luego puse solamente algunos pasajes de Rosas, el tiempo de dos tazas de té, de un cigarrillo. Me hacía bien mirar a Luciana atenta al drama, alzando a veces la cabeza cuando reconocía mi voz y sonriéndome como si no le importara saber que el miserable cuñado de la pobre Carmencita comenzaba sus intrigas para quedarse con la fortuna de los Pardo, y que la siniestra tarea continuaría a lo largo de tantos episodios hasta el inevitable triunfo del amor y la justicia según Lemos. En mi rincón (había aceptado una taza de té a su lado pero después había vuelto al fondo del salón como si desde ahí se escuchara mejor) me sentía bien, reencontraba por un momento algo que me había estado faltando; hubiera querido que todo eso se prolongara, que la luz del anochecer siguiera pareciéndose a la de la galería cubierta. No podía ser, claro, y corté el tocadiscos y salimos juntos al balcón después que Luciana hubo devuelto la lámpara a su sitio porque realmente quedaba mal allí donde yo la había corrido. ¿Te sirvió de algo escucharte?, me preguntó acariciándome una mano. Sí, de mucho, hablé de problemas de respiración, de vocales, cualquier cosa que ella aceptaba con respeto; lo único que no le dije fue que en ese momento perfecto sólo había faltado el sillón de mimbre y quizá también que ella hubiera estado triste, como alguien que mira el vacío antes de continuar el párrafo de una carta.
Estábamos llegando al final de Sangre en las espigas, tres semanas más y me darían vacaciones. Al volver de la radio encontraba a Luciana leyendo o jugando con la gata en el sillón que le había regalado para su cumpleaños junto con la mesa de mimbre que hacía juego. No tiene nada que ver con este ambiente, había dicho Luciana entre divertida y perpleja, pero si a vos te gustan a mí también, es un lindo juego y tan cómodo. Vas a estar mejor en él si tenés que escribir cartas, le dije. Sí, admitió Luciana, justamente estoy en deuda con tía Poli, pobrecita. Como por la tarde tenía poca luz en el sillón (no creo que se hubiera dado cuenta de que yo había cambiado la bombilla de la lámpara) acabó por poner la mesita y el sillón cerca de la ventana para tejer o mirar las revistas, y tal vez fue en esos días de otoño, o un poco después, que una tarde me quedé mucho tiempo a su lado, la besé largamente y le dije que nunca la había querido tanto como en ese momento, tal como la estaba viendo, como hubiera querido verla siempre. Ella no dijo nada, sus manos andaban por mi pelo despeinándome, su cabeza se volcó sobre mi hombro y se estuvo quieta, como ausente.¿Por qué esperar otra cosa de Luciana, así al filo del atardecer? Ella era como los sobres lila, como las simples, casi tímidas frases de sus cartas. A partir de ahora me costaría imaginar que la había conocido en una confitería, que su pelo negro suelto había ondulado como un látigo en el momento de saludarme, de vencer la primera confusión del encuentro. En la memoria de mi amor estaba la galería cubierta, la silueta en un sillón de mimbre distanciándola de la imagen más alta y vital que de mañana andaba por la casa o jugaba con la gata, esa imagen que al atardecer entraría una y otra vez en lo que yo había querido, en lo que me hacía amarla tanto.
Decírselo, quizá. No tuve tiempo, pienso que vacilé porque prefería guardarla así, la plenitud era tan grande que no quería pensar en su vago silencio, en una distracción que no le había conocido antes, en una manera de mirarme por momentos como si buscara, algo, un aletazo de mirada devuelta enseguida a lo inmediato, a la gata o a un libro. También eso entraba en mi manera de preferirla, era el clima melancólico de la galería cubierta, de los sobres lila. Sé que en algún despertar en la alta noche, mirándola dormir contra mí, sentí que había llegado el tiempo de decírselo, de volverla definitivamente mía por una aceptación total de mi lenta telaraña enamorada. No lo hice porque Luciana dormía, porque Luciana estaba despierta, porque ese martes íbamos al cine, porque estábamos buscando un auto para las vacaciones, porque la vida venía a grandes pantallazos antes y después de los atardeceres en que la luz cenicienta parecía condensar su perfección en la pausa del sillón de mimbre. Que me hablara tan poco ahora, que a veces volviera a mirarme como buscando alguna cosa perdida, retardaban en mí la oscura necesidad de confiarle la verdad, de explicarle por fin el pelo castaño, la luz de la galería. No tuve tiempo, un azar de horarios cambiados me llevó al centro un fin de mañana, la vi salir de un hotel, no la reconocí al reconocerla, no comprendí al comprender que salía apretando el brazo de un hombre más alto que yo, un hombre que se inclinaba un poco para besarla en la oreja, para frotar su pelo crespo contra el pelo castaño de Luciana.
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Última edición por Ivipkr; 22/09/2011 a las 16:48
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AcquaDiLeo (23/09/2011), Amapola (22/09/2011), choclaster (17/01/2012), Milindrinita (17/01/2012)
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¡Muy bueno Ivipkr! No lo voy a leer ahora, porque me tengo que ir acostar pero mañana lo leo y opino.
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Bárbaro, háganlo cuando puedan y tengan ganas! no hay una fecha límite, la idea es disfrutarlo
yo seguramente lo haga mañana que voy a estar tranqui
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Respuesta: [CLUB DE LECTURA] Cambio de luces - Julio Cortázar
Perdón por elegir un cuento medio largo, es un poco mas corto que el anterior 
Me encanta, es sencillamente genial. Voy a destacar lo que mas me gustó:
Me gustó que leerlo sea como mirar una escena, mas que contar lo que va pasando, te lo muestra (esto en a mayoría de sus cuentos):

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Ivipkr
Esos jueves al caer la noche cuando Lemos me llamaba después del ensayo en Radio Belgrano y entre dos cinzanos los proyectos de nuevas piezas, tener que escuchárselos con tantas ganas de irme a la calle y olvidarme del radioteatro por dos o tres siglos,
Muestra que esta cansado sin decir "estoy cansado".
Me gusta como va tramando todo, primero con el pelo, después la lamparita, después el sillón de mimbre, lo cuenta casi como para que no se note...

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Ivipkr
Al volver de la radio encontraba a Luciana leyendo o jugando con la gata en el sillón que le había regalado para su cumpleaños junto con la mesa de mimbre que hacía juego
Y me fascina el final, muy económico (por lo corto y perfecto) Pero no quiero hablar mucho del final, para no condicionarles la lectura a los que no lo leyeron aún. Pero da lugar a muchas reflexiones sobre la aceptación, y otros temas mas.
Después escribo un poco más, pero ya que propuse este cuento quería hacer algún comentario
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Sí, ¡justo estaba por decir que es muy largo! Jajaja 
Pero no importa. Menos mal que reviviste el tema para que me acordara de leerlo.
Primero, voy a empezar con una nota personal: Nunca me gustó Cortázar. Me parece un escritor complejo y yo no estoy en un momento de mi vida "complejo". Creo que lo que quiero decir es que la literatura te acompaña en la vida. No sé si podés disfrutar ciertas lecturas no teniendo la madurez para comprenderlas en su amplitud.
Habiendo dicho esto, procedo a comentar:
Al principio, pensé que iba a ser un bolazo. Pensé: "¿Actor de radionovelas? un oficio tan viejo que no existe más". Pero al final, me di cuenta de que la temática es ahora más actual que nunca. ¡Personas que no se aceptan como son, que responden a vanidades de la imaginación siempre va a haber! Es más, muchos creen que cambiando o modificando el cuerpo se sienten "diferentes" pero no es así, porque en definitiva seguís siendo el mismo. A lo sumo serás más popular entre la gente que no tiene nada interesante que ofrecer, supongo que eso vale el dinero que pagaste, pero algo mejor que eso no vas a conseguir.
En la historia la mujer, Luciana, me pareció fascinante. Es una mujer increíble, sin dudas... Me queda la siguiente impresión de su pensamiento: Sabe que Tito no la quiere, o por lo menos no quiere a la Luciana de verdad. ¡Pero está todo bien! Porque Tito tampoco es lo que ella quería, pero ojo, ella no intenta cambiarlo al "Tito de la imaginación". Quizá porque es más sabia o un poco menos ingenua que Tito.
Tito es un soñador, entiendo por el cuento que la mujer lo abandonó o murió y quedó medio descolocado en el mundo, dedicándose a trabajar y poco más. Muchas veces le pasa a la gente esto, no saben cómo continuar en el mundo... Cuando la conoce a ella, tiene una enorme oportunidad para cambiar todo, pero desperdicia todo eso. Es como cuando vas al cine a ver "Top Gun 3D". Ya la viste, pero ahora es "3D" y por lo tanto es "diferente". No es diferente un carajo, ¡es la misma historia de siempre!
Y yo creo que hay un miedo recorriendo toda la historia, el miedo a descubrir que al lado tenemos muchas veces a un extraño; a una persona que es tan diferente y que está tan lejos de nosotros como lo está, por ejemplo, Angelina Jolie.
Necesitamos desarrollar más la capacidad de convertir miedos en desafíos. Pero claro, hablar (en este caso escribir) es más fácil que hacer y si yo siguiera mis propios consejos sería muchísimo más feliz de lo que soy.
En definitiva, la historia impecable... Muy actual, una "radiografía" del alma. La verdad excelente.
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Ivipkr (28/09/2011), Milindrinita (17/01/2012)
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Respuesta: [CLUB DE LECTURA] Cambio de luces - Julio Cortázar

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Amapola
En la historia la mujer, Luciana, me pareció fascinante. Es una mujer increíble, sin dudas... Me queda la siguiente impresión de su pensamiento: Sabe que Tito no la quiere, o por lo menos no quiere a la Luciana de verdad. ¡Pero está todo bien! Porque Tito tampoco es lo que ella quería, pero ojo, ella no intenta cambiarlo al "Tito de la imaginación". Quizá porque es más sabia o un poco menos ingenua que Tito.
Para no quotear todo tu comentario, seleccioné esta parte. Pero la verdad, te pasas! Muy aguda tu mirada, perfecta! Quiero agradecerte porque ahora disfruto el doble esta historia.
Decís la posta, un comentario muy jugoso! Y eso que no te gusta Cortázar! Pero por favor Amapola, quiero leer un comentario tuyo de algun cuento que te guste entonces! 

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Amapola
Primero, voy a empezar con una nota personal: Nunca me gustó Cortázar. Me parece un escritor complejo y yo no estoy en un momento de mi vida "complejo". Creo que lo que quiero decir es que la literatura te acompaña en la vida. No sé si podés disfrutar ciertas lecturas no teniendo la madurez para comprenderlas en su amplitud.
A mí sí me gusta Cortázar, es mi escritor preferido. Tenés razón que es un escritor complejo, y reconozco que hay muchos cuentos de él que no entiendo
, pero lo que me fascina es justamente tratar de entenderlos. Hay algo en su forma de escribir que me sorprende y me da curiosidad. Por ejemplo muchos historias tienen finales predecibles, pero con Cortázar jamás me pasó de poder predecir alguno de sus finales, siempre me sorprende. Y también me pasa que siempre que releo un cuento de él, le encuentro algo nuevo, un detalle significativo, recontra tramado. Eso es lo que me da intriga cuando no entiendo un cuento de él, quiero descubrir lo que escondió. Esto no me pasa con todos los autores, solo me pasa con Cortázar. Con otros autores probablemente diga, no me gustó, y me ponga a leer otra cosa.
Gracias Amapola
Muy muy bueno!
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Respuesta: [CLUB DE LECTURA] Cambio de luces - Julio Cortázar
Hermosísimo cuento. Uno de los rasgos que más me gustan de los cuentos de Cortazar es esta verosimilitud que siempre tiene, el tipo te va contando cosas y uno se las va creyendo, y lo más importante, te esta contando otras cosas sin que vos te des cuenta.
El tema del cuento indudablemente es la idealización. Es líndisimo el toque de esta simetría que suele manejar tan bien Cortazar: usualmente, el fan idealiza al artísta, pero en este cuento la cosa viene reflejada. Lo interesante de la manera de contarlo es que Cortazar no dice exactamente qué le pasa a Tito, sino que va contando cómo le pasa, por dónde le pasa.
Lo interesante es que ante el choque de lo real con lo imaginario, que es el conflicto del cuento, Tito busca adaptar la realidad a su fantasía (modifica a la Luciana real para hacerla más parecida a su ideal), mientras que a Luciana la vemos más práctica (va directamente a los bifes, quería un tipo alto y con pelo crespo, se consigue uno así y se va a un telo).
Me encantó este párrafo:
A los treinta y cinco la vida en Buenos Aires empieza a desteñirse y parece que se achicara, al menos para alguien que vive solo con una gata y no es gran lector ni amigo de caminar mucho. No que me sienta viejo, al contrario, más bien parecería que son los demás, las cosas mismas que envejecen y se agrietan
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¡Buenísimo! ¡Me gusta mucho esta idea del Club de Lectura! Ojalá fuéramos más cabiados los que nos prendemos con estas cosas...
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Respuesta: [CLUB DE LECTURA] Cambio de luces - Julio Cortázar
si les gusto ese cuento recomiendo "la autopista del sur" q esta en todos lo fuego el fuego
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choclaster
si les gusto ese cuento recomiendo "la autopista del sur" q esta en todos lo fuego el fuego
Gracias por la recomendacion querido, me lo leo de una! Y este cuento que te parece?''' Necesitamos mas comentarios, please!
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Aprendiz Junior
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Respuesta: [CLUB DE LECTURA] Cambio de luces - Julio Cortázar
uno de los mejores cuentos de cortazar, dentro de lo no fantastico. lo fantastico era su especialidad, la construccion de torres de marfil diria sabato. para cortazar no existia algo clasificado como literatura fantastica, solo era para el una clasificacion de forma pero no de escencia. en esto coincidia borges lease el prologo que escribio para la edicion de cronicas marcianas aca mando el link.
ITACA: Prólogo de J.L.Borges a Crónicas Marcianas
Cortazar me fascino en mi adolescencia, lei una veintena de libros. pero nunca pude volver a leerlo, esto le paso a mucha gente, sin embargo es un escritor genial pero parece q para algunos lectores es una etapa que no podra repetirse. pasa lo mismo con algun tipo de musica q escuchamos en la adolescencia. pasa con los amigos con los amores, las cosas mas importantes de la vida tienen fecha de caducidad ,como la vida en si. claro que la fecha siempre esta borrosa y no puede leerse, pero ahi esta implacable
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Respuesta: [CLUB DE LECTURA] Cambio de luces - Julio Cortázar
siendo este el foro mas interesante q encontre en esta pagina. me entusiasmo y recomiendo mas de cortazar para aquellos q estan descubriendo a este fantastico escritor: en mi opinion sus cuentos eran geniales y sus novelas insoportables, sin embargo rayuela no esta nada mal. hay al menos dos epocas de cortazar: antes de la militancia de izquierda y despues. al convertirse en persona comprometida politicamente solidaria con la causa del humanismo de izquierda degrado en su calidad literaria. el punto de infleccion fue libro de manuel.
recomiendo: - la noche boca arriba
- la continuidad de los parques
- casa tomada
- todo historia de cronopios y de famas
- la autopista del sur
- Axlotl
- perdida y recuperacion del cabello
- carta a una señorita en paris
- instrucciones para llorar, para subir una escalera
- comportamiento en los velorios
- todo bestiario
- la puerta condenada
- los coristas
- aplastamiento de las gotas
- el perseguidor
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suficiente del dulce veneno de la melancolia
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Cabiado Mayor
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Respuesta: [CLUB DE LECTURA] Cambio de luces - Julio Cortázar
Tuve que copiarlo y agrandarle la letra
no veo un pomo!
Me gustó mucho.
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