Un curioso comentario relaciona en Chile a Piñera con las desgracias que sufrió el país desde que asumió su mandato. Como Menem.
Basta con escribir "Piñera" en Google para que el sistema de autocompletado ofrezca una de las búsquedas más curiosas y populares que puedan existir sobre un presidente: "Piñera es yeta".
La insólita teoría de que el mandatario chileno está directamente asociado con las tragedias que ha vivido el país en el último tiempo es el tema de conversación en la calle.
Algunos mencionan detalles insólitos, como la extraña aparición de murciélagos en el palacio presidencial de La Moneda, el día en que Sebastiàn Piñera ganó el ballottage. ¿Otra? Para la jura, y mientras Michelle Bachelet le hacía el traspaso de mando, cayó al suelo la piocha de Bernardo O’Higgins, el máximo símbolo de poder heredado de los tiempos de la Independencia.
Los citados "mufazos" comienzan por el brutal sismo de 8,8 grados en la escala de Richter que devastó a Chile el 27 de febrero de 2010, sólo doce días antes de que asumiera el poder, y que le hizo cambiar todo su programa de gobierno.
El 11 de marzo, el día en que juró en el Congreso de Valparaíso, el mundo vio boquiabierto las imágenes de TV que mostraban cómo a la precisa hora en que Piñera tomaba el poder, un nuevo sismo -con amenaza de tsunami- obligó a apurar la ceremonia. Mientras tanto los invitados miraban con espanto el amenazante bamboleo de las gigantescas lámparas del salón.
En junio del mismo año, despidió a la selección chilena de fútbol que viajaba al Mundial de Sudáfrica. Humberto "Chupete" Suazo, máxima figura y goleador del equipo arrastraba una lesión muscular en una pierna. Al saludarlo, Piñera le preguntó por sus dolencias y le tocó los cuádriceps, deseándole una pronta recuperación: la lesión recrudeció, y Suazo jugó poco y nada.
En agosto de ese año, Piñera debió asumir el improbable rescate de 33 mineros desaparecidos en un derrumbe de un perdido yacimiento en el desierto de Atacama. Sólo su porfía consiguió sacarlos a todos, sanos y salvos. Sin embargo, la popularidad ganada en las encuestas cayó al mes siguiente, luego de que lo culparan -injustamente- de la renuncia del técnico de la selección chilena, Marcelo Bielsa.
Increíblemente, los desastres naturales y accidentes se multiplicaron durante su gobierno. Un accidente de micro costó 20 vidas en noviembre de 2010. Un mes más tarde, se incendió la cárcel de San Miguel: murieron 81 presos.
Más tragedias
Las desgracias no terminaron en 2010. En marzo de 2011, el sismo de Japón provocó una alerta nacional de tsunami en Chile. Luego, entró en erupción el volcán Puyehue, cuyas cenizas se esparcieron durante meses por gran parte del territorio argentino, alcanzando incluso a Uruguay. En septiembre, un avión se estrelló en el archipiélago de Juan Fernández; sus 21 pasajeros terminaron muertos.
La fama del presidente ha llegado hasta límites ridículos: tras reunirse con el ex CEO de Apple Steve Jobs, en California, y anunciar una pronta visita del gurú tecnológico a Chile, desde San Francisco se dio a conocer su deceso.
El fútbol, terreno fértil para las cábalas y mufas, también lo desafió, cuando Piñera manifestó su intención de asistir a la final de la Copa Sudamericana, entre la Universidad de Chile y la Liga de Quito.
Los ruegos de los hinchas para que Piñera no asistiera consiguieron hacerlo a un lado. Esa noche, la "U" ganó su primer título internacional.
En 2012 no comenzó mejor. Se registraron en Chile más de 50 incendios -algunos de ellos, supuestamente intencionales- que dejaron siete brigadistas muertos mientras combatían las llamas.
El último episodio, que desató solapados comentarios por parte de la ciudadanía, ocurrió anteayer, cuando el presidente inauguraba en Arica un complejo deportivo.
Una gigantesca columna de humo pudo verse a sus espaldas: a sólo cinco cuadras del lugar, una casa deshabitada ardía en llamas..




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