El ex árbitro Horacio Elizondo, que dirigió la final del Mundial de Alemania 2006, respaldó el reclamo del Chori Domínguez y criticó la actuación de Diego Abal en el Superclásico. “Si el ábitro hubiese estado atento y concentrado podría haber …
El ex árbitro Horacio Elizondo, que dirigió la final del Mundial de Alemania 2006, respaldó el reclamo del Chori Domínguez y criticó la actuación de Diego Abal en el Superclásico. “Si el ábitro hubiese estado atento y concentrado podría haber sancionado la primera falta y haberse evitado todo lo que sucedió después”, remarcó el ex referí internacional en diálogo con Estudio Fútbol.
Los errores de Abal llegan por falta de atención y de concentración, por estar atento a otras cosas y no justmente en el hecho puntual. Esto tiene mucho que ver con el control y el equilibrio de las emociones, la lucidez mental. Eso es lo que te marca, lo que te lleva y te proyecta a estar atento y concentrado. Los errores de un árbitro, inclusive de los jugadores, vienen la mayoría de las veces por una cuestión de desequilibrio emocional. Cuando la inteligencia emocional no funciona acorde a las circunstancias, a lo que está sucediendo, te lleva a tomar malas decisiones.
Me parece que el gol de Boca estaba en posición adelantada. El error del gol de Boca pasa porque el asistente está mal parado, está en diagonal con la jugada. Si ese asistente hubiese estado en la misma línea que el penúltimo defensor, su decisión hubiese sido otra. A eso hay que sumarle que Roncaglia se tendría que haber ido antes, hubo una falta en la puerta del área que evita una circunstancia manifiesta de gol.
Hubo varias circunstancias del partido que si se hubiesen tomado las decisiones correctas podrían haber influido de otra forma en el resultado del partido. Quizá el perdedor y el ganador hubiese sido el mismo pero quizá no.
Es muy personal lo que dijo el Chori. Cuando no hay una buena química o una buena relación estás condicionado. Eso es lo que tenés que trabajar.
Uno tiene que hacer un trabajo muy intenso con uno mismo porque cuando un jugador le pega una patada a otro, al que le duele es el que recibe la falta. El árbitro no recibe esa patada, no la siente, sólo evalúa la acción. Pero cuando le protestan al árbitro esa patada se la están pegando a él y reacciona de otra manera.
El árbitro tiene que sancionar con el mismo límite, con el mismo rigor, una patada que le pegan a un jugador. Eso que él siente cuando le protestan a él, es lo mismo que siente un jugador cuando un adversario le pega o aún peor.




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